Castillo

Introducción

[Del lat. castellum, diminutivo de castrum, campamento de gran magnitud]. Lugar fuerte, Cercado de murallas, baluartes y fosos. Voz usual para referirse a una gama muy diversificada de edificaciones en las que se evidencia, Con mayor o menor intensidad, la previsión para la defensa armada. En España los siglos de presencia islámica legaron las voces “alcazaba”, “alcázar” y “zuda”, designando la primera la gran fortaleza organizada en la parte alta de una ciudad; la segunda, un palacio principesco –pues en su mayoría estaban amurallados–, y la tercera se circunscribía a las alcazabas urbanas en ciudades de la cuenca del Ebro. Más tardío es el arraigo de la voz “fortaleza”, que suele aplicarse, aunque sin carácter de exclusividad, a las de finalidad estrictamente militar que se erigieron, desde el s. XVI, adecuadas al cañón, reservándose la voz “fuerte” para las fortalezas de pequeñas dimensiones o de carácter subsidiario. La voz “ciudadela”, aún más tardía, se restringe a unas pocas fortalezas de grandes dimensiones, que se levantaron durante la Edad Moderna, junto a una importante ciudad, Con el fin de alojar la guarnición permanente. Aun sin desconocer que también se levantaron castillos durante la Edad Antigua, particularmente por los romanos, es de común aceptación que el estudio de los castillos propiamente dichos se inicia en la Edad Media europea. En España, en líneas generales, la trayectoria del castillo se extiende a lo largo de un milenio, desde el s. IX al XIX, Con una etapa de apogeo que se puede fijar entre los años 1000 y 1500.

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