Griegos

Introducción

Los habitantes de Focea, localidad situada en la costa de Asia Menor, fueron los primeros navegantes griegos que llegaron a la Península Ibérica, según el historiador griego Herodoto de Halicarnaso (1, 163), que afirma que los focenses fueron los primeros griegos que realizaron largos viajes por el mar, descubriendo los mares Adriático y Tirrénico, Iberia y Tartessos, ya que navegaban en naves penteconteras. El mismo historiador (1, 152) relata que Kolaios de Samos, h. 630 a.C, o poco después, navegando hacia Egipto, fue desviado de su ruta por un fuerte viento en dirección E., que le obligó a atravesar el Estrecho de Gibraltar, llegando a Tartessos, importante centro comercial no visitado por los mercaderes griegos hasta entonces. Negociaron con los tartesios e hicieron un fabuloso negocio, no igualado, excepto por Sóstrato de Egina. De vuelta a Samos, ofrecieron en agradecimiento un exvoto en el Heraion, con la décima parte de sus beneficios, que consistía en un caldero de bronce, del tipo de los de Argos, decorado con prótomos de grifos sobre el borde y sostenido por tres colosos, de rodillas, cada uno de los cuales medía algo más de 3 m de alt. Este viaje no fue un hecho aislado, pues el mismo Herodoto menciona el viaje de Sóstrato. Quizá en esta fecha haya que situar el viaje de Midácrito, que fue el primer griego que llevó estaño de las islas Casitérides.

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