Provincia

Historia

El régimen provincial apareció por primera vez en la Península gracias a la division administrativa propia de la política administrativa republicana e imperial de Roma. El concepto romano de "provincia" respondia al de una demarcación territorial sometida a la autoridad de Roma y explotada para su provecho. Por tanto, el suelo de las provincias romanas era dominio del pueblo romano y no podía ser objeto de propiedad privada. El Senado romano vio por primera vez la posibilidad de crear la provincia de Hispania tras la victoria militar de Publio Cornelio Escipion el Africano sobre los cartagineses (206 a.C.). En 197 a.C. se establecieron las bases del régimen provincial al dividir el territorio peninsular en dos provincias: la Hispania Citerior, que comprendíaa el valle del Ebro y la costa levantina hasta Baria (Villaricos, Cuevas del Almanzora, Almeria), y la Hispania Ulterior, que se extendía por Andalucía. Los límites de ambas provincias fueron variando con el tiempo y llegaron a subsistir hasta el advenimiento del Imperio en la persona de Octavio Augusto (27 a.C.-14 d.C.). En 27 a.C., el primer emperador de Roma reorganiza el territorio de Hispania en tres provincias: la Provincia Hispania Citerior Tarraconensis, con capital en Tarraco (Tarragona), que comprendía la antigua Hispania Citerior e incorporaba los territorios cántabros; la Provincia Hispania Ulterior Baetica, que alcanzaba las tierras de Andalucía, y la Provincia Hispania Ulterior Lusitania, que abarcaba los territorios del actual Estado de Portugal, Extremadura, la región salmantina y la comarca de los astures. A su vez, entre los años 7 y 2 a.C., los territorios de los galaicos y astures pasaron de la provincia Ulterior Lusitania a la Citerior. Mas adelante, en la época del emperador Caracalla (198-217) se creó la provincia de la Hispania Citerior Antoniana, que abarcaba los territorios astures, galaicos y cántabros. En definitiva, la primera división provincial persistió hasta la transformación de la estructura política y administrativa del Imperio promovida por Diocleciano (284-305) y continuada por Constantino (306-337). Así, en el Bajo Imperio la diócesis de las Españas -Diocesis Hispaniarum-, con capital en Emerita Augusta (Merida, Badajoz), incluía siete provincias: la Tarraconense, con capital en Tarraco; la Betica, con capital en Corduba (Cordoba); la Lusitania, con capital en Emerita Augusta; la Cartaginense, con capital en Cartago Nova (Cartagena, Murcia); la Galaecia, con capital en Bracara (Braga, Portugal); la Mauritania Tingitana, con capital en Tingis (Tanger, Marruecos), y la Insulae Baleares, con capital en Palma de Mallorca (Baleares).

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