Sancho VII de Navarra

Introducción

(¿?, h. 1158 -Tudela, Navarra, 7-IV-1234). El Fuerte. Rey de Navarra (1194-1234). Hijo primogénito y sucesor de Sancho VI el Sabio (1150-1194) y de Sancha, hija de Alfonso VII el Emperador de Castilla y León (1126-1157), y hermano de Fernando (m. en 1207), Constanza, Be-renguela -casada en 1191 con Ricardo I Corazón de León de Inglaterra (1189-1199)- y Blanca, esposa del conde Teobaldo I de Champaña y Brie (1201-1253). Precisamente en compañía de Ricardo I de Inglaterra, a quien ya habría acompañado en la tercera cruzada a Tierra Santa, le sorprendió la muerte de su padre, cuando guerreaba en las tierras del Midi francés apoyando a su cuñado -probablemente entonces sentó las bases de su futura expansión por Ultrapuertos: ocupó San Juan de Pie de Puerto (1193) y logró el homenaje del vizconde de Tartaix, Amaldo Raimundo-. Ál poco de retornar a Navarra para hacerse cargo del reino, acudió a la llamada de su primo, Alfonso VIII de Castilla (1158-1214), que se hallaba en guerra contra los almohades, aunque llegó tarde a la Batalla de Alarcos (19-VII-l 195), lo que motivó la pronta enemistad entre ambos, ya que Alfonso VIII lo culpó de haberse retrasado premeditadamente. Así, se inició un periodo de guerra entre ambos reinos que se prolongó durante años. En 1196, Sancho VII asoló las tierras de Soria y Almazán, a lo que Alfonso VIII respondió, tras pedir la paz en Ta-razona (1196), pactando con Aragón una alianza contra Navarra (Calatayud, 1198). Poco después, aprovechando la ausencia de Sancho VII, que había viajado (h. 1198-1199) a tierras de África para ponerse al servicio, como mercenario, del califa almohade Muhammad al-Nasir (1199-1213) -aunque la leyenda lo recogió como un viaje surgido del pretendido amor de la hija del califa, el Mi-ramamolín de las crónicas cristianas, por el rey navarro-, Alfonso VIII conquistó Miranda de Ebro (Burgos, 1199) e invadió Álava y Guipúzcoa con la intención de unir Castilla con las posesiones en Gascuña y Aquitania que le había reportado, como dote, su matrimonio con Leonor de Inglaterra, hija de Enrique II de Inglaterra (1154-1189) y Leonor de Aquitania. Desde África, el propio Sancho VII dio el permiso al burgo de Vitoria para capitular tras ocho meses de asedio (1200), mientras solicitaba el apoyo del califa almohade, motivo por el cual Inocencio ΠI (1198-1216) lo excomulgó. Finalmente, en las treguas de Guadalajara (1207), se sancionó la situación tal y como había quedado, con lo que el reino de Navarra perdió definitivamente los señoríos de Álava y Guipúzcoa. Aquellos fueron años de relativa paz frente a Castilla y Aragón, que Sancho VII pudo mantener, en cierta medida, gracias al buen estado del tesoro real, resultado de la aceleración de la reforma fiscal emprendida por su padre, que transformó los antiguos y complejos derechos señoriales en unos nuevos censos unificados. Todo ello le permitió, además, convertirse en prestamista de los reyes de Aragón Pedro II el Católico (1196-1213) y de Jaime I el Conquistador (1213-1276), lo que le reportó la entrega de algunas plazas en la frontera con el reino aragonés (Petilla, Peña, Gallur, Trasmoz, Buñuel, Cadreita, Cintruénigo, Sádaba, Los Fayos, Javier, Cárcar, etc.). Dedicó sus esfuerzos a afianzar su influencia al otro lado de los Pirineos: consiguió el homenaje de Biviano de Agramont (1203) y concertó relaciones comerciales con la burguesía de Bayona, en busca de una salida al mar, inexistente desde la pérdida de Guipúzcoa. En 1212 sí que acudió a tiempo a la cruzada que los reinos cristianos de la Península emprendieron contra los almohades, y que culminó en la victoriosa batalla de las Navas de Tolosa (Jaén); Sancho VII y sus caballeros arrasaron el campamento del califa al-Nasir, hecho del que proviene la leyenda que sitúa en ese saqueo el origen del inmenso tesoro del navarro, así como la adopción de las cadenas de oro en el escudo del reino. La complicada sucesión de Alfonso VII en Castilla -el monarca moría en 1214 y dejaba como sucesor a Enrique I (1214-1217)- y la minoría de edad de Jaime I en Aragón, permitieron a Sancho VII reorganizar sus dominios, conceder fueros, fortificar la frontera con Castilla (fundación de Viana, Burunda o Labraza; devolución por Castilla de San Vicente de la Sonsierra, Bernedo o Genevilla) y proseguir su expansión de Ultrapuertos (vasallaje de Ostabat), así como comprar castillos y plazas fuertes en torno al Monca-yo, al valle medio del Jalón (Chodes) y en tierras de Teruel (Burbáguena, Ródenas, Jorcas, Linares de Mora), con los que pretendía crear un pasillo de apoyos a través del cual poder trasladarse fácilmente desde Navarra al Maestrazgo, una vez que el reino había perdido la frontera directa con el islam. Ello le facultó para emprender una expedición propia hacia tierras valencianas (1219-1220), aunque se desconoce con qué resultado. A partir de ese momento cambió su carácter y fue difuminándo-se su energía física y moral; las temporadas de encierro en Tudela menudearon cada vez más. En 1230, unificados de nuevo León y Castilla por Fernando III el Santo de Castilla (1217-1252) y León (1230-1252), las presiones castellanas, así como la no existencia de un heredero directo en Navarra, obligaron a Sancho VII a firmar un acuerdo de prohijamiento mutuo con Jaime I de Aragón, poco después del retorno de éste a la Península al finalizar la conquista de Mallorca (1229), celebrada el 2-II-1231 en Tudela. No obstante, ese acuerdo no se consumó. Tras la muerte de Sancho VII tres años después, Jaime I no reclamó sus derechos a la Corona navarra, por lo que, con el apoyo del papa Gregorio IX (1227-1241), del rey de Francia Luis IX el Santo (1226-1270) y de la propia nobleza navarra, que prefería elegir ella misma al nuevo rey para así poder exigirle la confirmación de los derechos y fueros tradicionales de Navarra y la reparación de los agravios cometidos a barones y nobles por Sancho VII, fue llamado al trono su sobrino, Teobaldo I el Trobador(1234-1253), miembro de la Casa de Champaña y Brie, con lo que las dinastías de origen francés accedían por primera vez al trono navarro. Sancho VII había casado con Constanza, hija del conde Raimundo VI de Tolosa (1194-1222), matrimonio efímero del que no tuvo descendencia. de su numerosa prole ilegítima, cabe mencionar a Ramiro, que fue obispo de Pamplona (1220-1228); Pedro, abad del monasterio de Irache (1223-1233); Sancha, abadesa del monasterio de Marcilla, y Guillermo, que pasó al servicio de Jaime I de Aragón. Fue sepultado en la abadía de Ronces valles.

Este sitio web utiliza cookies, propias y de terceros con la finalidad de obtener información estadística en base a los datos de navegación. Si continúa navegando, se entiende que acepta su uso y en caso de no aceptar su instalación deberá visitar el apartado de información, donde le explicamos la forma de eliminarlas o rechazarlas.
Aceptar | Más información